Canterbury, una ciudad para vivir

Catedral de Canterbury (arreglos)Es verano y el cielo transparente  de Canterbury  puede tornarse, en segundos, fuente de toda la lluvia del planeta. Ésta caerá durante los próximos cinco minutos sobre la cabeza y se irá tal como vino. Y lo que pareciera un pequeño inconveniente, suele ser muy agradable. En especial los últimos cinco años en que el calor no escapa de la isla, como antes. Con temperaturas que fluctúan entre los 28º y 30º, alcanzando a veces hasta los  34º en julio, un poco de agua es un regalo para seguir en viaje.

Ubicada al sudeste de Inglaterra, en el Condado de Kent, a pocos kilómetros de las ciudades imperdibles del país- Londres, Cambridge, Oxford- Canterbury vive de la educación, como primer ingreso y del turismo, como segundo. Las escuelas de estudio de inglés para extranjeros están distribuidas por toda la ciudad y a diario puede verse la multiculturalidad derivada de ellas, presente en las calles. Por otra parte, la cercanía con sitios de gran valor histórico, como los acantilados de Dover, con sus instalaciones de guerra y sus castillos, o las hermosas y tradicionales playas de Whistable y Herne Bay hacen de la ciudad un centro estratégico para instalarse y conocer los atractivos cercanos.

La línea del díscolo cielo de la ciudad está recortada por la catedral más antigua de Inglaterra, queCatedral de Canterbury data del año 597 y es lugar de atracción para peregrinos. La catedral vio morir al santo arzobispo Thomas Becket, asesinado por cuatro caballeros de Enrique II, tras defender por años los derechos de la iglesia. Esta historia y las peregrinaciones al lugar serían fuente de inspiración para los poco ortodoxos y divertidos ‘Cuentos de Canterbury’ escritos por Geoffrey Chaucer, conocidos mundialmente.

Recorrer la catedral es un placer para moros y cristianos. Su arquitectura, construida y reconstruida en innumerables oportunidades es de una belleza impresionante. La nave conserva aun el estilo gótico inglés y, como todas las edificaciones del centro la ciudad, sigue la línea original de construcción. Cada pasillo, cada ala lateral, cada rincón tiene una historia y la tumba del santo es una atracción que genera una mística especial. Los encargados del ‘marketing’ utilizan todos los elementos tecnológicos disponibles para que el turista se sienta parte de esa historia. Desde la semipenumbra a la luz de las velas en la tumba central hasta la música medieval que acompaña el relato de los audífonos. La vuelta a la realidad sucede a la salida, cuando se devela la inevitable tienda de souvenirs.

Otra de las atracciones de la ciudad son las ruinas del castillo normando construido en el siglo XI (1080) y que luego fue reemplazado por otro espacio cercano a la muralla de Dane John, durante el reinado de Enrique I. Dos siglos más tarde sería la cárcel del condado.

Canterbury WestEl centro de Canterbury posee, sin duda, un atractivo especial. Las calles de adoquines, las plazoletas de reunión alrededor de las que se ha instalado el comercio, pero que conservan el aroma a tradición, los crepes en la calle, la puerta hacia Canterbury West, los jardines de las iglesias y el tren que recorre todo el país, son elementos que atrapan al turista. Y si a eso le sumamos que todo funciona como corresponde- baste apretar el botón para cruzar la calle y el semáforo cambiará en menos de un minuto o simplemente deje olvidado algo en una tienda y lo encontrará sin problemas dos días después- dan ganas de quedarse a vivir. La gente, es tema aparte.

Canterbury es una ciudad de gente mayor, pero activa, respetada e integrada. Los jóvenesEstación Canterbury West conversan y discuten con los ellos, interesados, como si lo hicieran con sus pares. La amabilidad es la consigna. Hombres y mujeres de la tercera edad tienen una serie de beneficios que incluye rebaja en los precios del transporte, gratuidad en los centros de natación para mantener su estado físico y una buena suma de retiro. Muchos de ellos aprovechan esa instancia para dedicarse a otras cosas para seguir activos, ya sea a la política o a plantar vides para hacer su propio vino, y se les nota en la actitud que la etapa que viven es de felicidad.

En el otro extremo, los jóvenes, en su mayoría, estudian y trabajan (resulta muy fácil conseguir un puesto de guía en alguna de las escuelas de idiomas o vender por turnos en las tiendas) y usualmente los días jueves se preparan para ir a alguna de las discoteques existentes o a los numerosos pubs, que abren a las 11 de la mañana y cierran alrededor de las 11 de la noche en días de semana. Para el joven trasnochador latinoamericano esto puede ser dramático, más aun cuando el comercio cierra sus puertas a las 17:30 hrs. todos los días, salvo por un par de supermercados que atienden hasta  las 22:00 horas y los restaurantes de comida rápida- las dos cadenas principales- que abren hasta la medianoche. Para ellos y, también para los jóvenes ingleses, Brighton, ubicada a veinte minutos, es una buena alternativa de  vida nocturna.

Viajar a Canterbury es una experiencia muy enriquecedora. El problema es el retorno, porque la ciudad y su gente se niegan a dejar que uno parta y , para hacerlo, será necesario pagar peaje, dejando en el lugar un poco de nuestro corazón.

Por Mary Rogers para La Lechuza

 

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